El mito de la "fortaleza": Por qué pedir ayuda no es de débiles, es de valientes
Existe una mentira silenciosa que nos han contado durante años: que la salud mental es una cuestión de "echarle ganas", de "ser fuerte" o que solo quienes han perdido el contacto con la realidad necesitan sentarse frente a un profesional.
Esa idea no solo es falsa, es peligrosa.
No estás "roto", estás siendo humano
Muchas personas llegan a mi consulta pidiendo perdón. "Perdona, es que debería poder con esto solo/a", dicen. Como si la vida viniera con un manual de instrucciones que todos deberíamos saber leer por arte de magia.
La realidad es que ir a terapia no es un signo de debilidad, es un signo de inteligencia emocional.
No vienes porque estés "loco": Vienes porque tienes el coraje de mirar tus heridas de frente.
No vienes porque seas flojo: Vienes porque has decidido que tu bienestar es una prioridad y que no tienes por qué cargar con todo el peso del mundo sobre tus hombros.
La trampa del "Yo puedo solo"
Imagínate que se te rompe una tubería en casa. ¿Te sentirías débil por llamar a un fontanero? ¿Pensarías que has fracasado como dueño de casa? Probablemente no. Entiendes que hay alguien con las herramientas y el conocimiento para ayudarte a solucionar el problema de forma más rápida y eficaz.
Con la mente ocurre lo mismo. En Aquí Importas, no te vemos como alguien que ha fallado. Te vemos como alguien que ha decidido dejar de sobrevivir para empezar a vivir.
Lo que realmente importa
En este espacio, no nos importan las etiquetas sociales ni los estigmas. Nos importas tú.
Importa que esa ansiedad no te deja dormir.
Importa que esa tristeza te ha quitado las ganas de salir.
Importa que, simplemente, quieres conocerte mejor.
Pedir ayuda es el primer paso para recuperar tu poder. Es decirte a ti mismo: "Mi historia importa lo suficiente como para buscar un lugar donde sanarla